sábado, 22 de agosto de 2015

La Disciplina


De todos los ingredientes necesarios para el éxito –como el talento, la perseverancia, el esfuerzo y la imaginación– quizás el más importante es la disciplina. Esta no es otra cosa que la cualidad de cumplir con una tarea, sin importar si tienes o no deseos de llevarla a cabo. Sin disciplina, ahorrar, bajar de peso, dejar de fumar, hacer ejercicios –en fin, cualquier meta, por sencilla que sea– se vuelve difícil, sino imposible.
Para desarrollar esta importante cualidad en tu vida, sigue estos pasos:


1. Primero, reconoce en qué áreas de tu vida te falta disciplina, como la dieta, la economía, etc. Repasa cuáles son las consecuencias de tu indisciplina: el sobrepeso, los problemas de salud, los apuros económicos, los conflictos familiares, etc. Piensa en cómo estos afectan tu vida, robándote felicidad y paz. Ahora visualiza –con lujo de detalles– cómo sería tu vida sin esos problemas. Comprobarás que la disciplina, lejos de incomodarte, te libera para vivir tu vida sin preocupaciones y sin la espada de Damocles de todo lo que tienes por hacer, colgando sobre tu cabeza. Cuando actúes de una manera disciplinada descubrirás que tienes más tiempo, energía y paz mental para disfrutar de la vida.
2. Anota qué pasos debes dar para comportarte de una manera disciplinada en esa área. Por ejemplo: “Debo crear un presupuesto de mis gastos mensuales y separar un día de la semana para hacer los pagos y conciliar la cuenta de cheques”.
3. Crea tu “Plan de acción”. Este consiste de un paso-a-paso de cómo actuarás de ahora en adelante en esa área de tu vida. Es importante que no te extralimites al comienzo; sé realista. Si hasta ahora no logras ejercitarte más de una vez al mes, no propongas hacer una hora de ejercicios aeróbicos todos los días. Tus metas deben ser accesibles y alcanzables, para ir construyendo sobre ellas. La disciplina es como un músculo que debes ejercitar día a día para que vaya fortaleciéndose.
4. Aprende a controlar la adicción a la gratificación instantánea, que es la gran enemiga de la disciplina. “Es muy temprano; haré los ejercicios más tarde”; “Un dulce no va a arruinar mi dieta”; “Esta oferta es demasiado buena para dejarla pasar; el mes que viene empiezo a ahorrar”. Todas estas excusas corroen tu resolución y te alejan de tus metas. Mira esa tarea como una labor no negociable; algo que tienes que hacer, te guste o no, como lo es cepillarte los dientes o peinarte antes de salir de casa. Cuando le das muchas vueltas en la cabeza, te agotas antes de comenzar. Como el famoso dicho de la marca Nike, no lo pienses: ¡simplemente hazlo!
5. Sigue el plan durante 21 días consecutivos, que es la cantidad de tiempo que toma fijar un hábito, de acuerdo con los expertos. Si fallas antes de las tres semanas, vuelve a comenzar desde el comienzo hasta llegar al día 21.
6.    Elimina la voz negativa y escucha la positiva. Si antes nunca conseguiste mantenerte en la dieta o dentro de tu presupuesto, quizás hay dentro de ti una voz negativa que a cada rato te lo recuerda, o que te hace creer que el fracaso es inevitable. Reconoce esa voz y recuerda que es solo un pensamiento en tu cabeza que te desmotiva y trata de llevarte a la zona de confort, que no es otra cosa que la rutina de siempre. Pero ya conoces los beneficios de ser disciplinado. Calla esa voz y suplántala con la voz positiva, la que te recuerda que si te mantienes firme en tus propósitos, alcanzarás tus metas.

7. Lleva una agenda donde anotas tu progreso y, sobre todo, tus recaídas. Es importante que veas cualquier desviación de tus planes como un bache, no como una derrota. Si pecas con un dulce, esto no quiere decir que tu dieta está arruinada para siempre; acepta el fallo y vuelve al plan inmediatamente. Como dicen los japoneses: “Si te caes siete veces, levántate ocho”. A fin de cuentas, la disciplina no es otra cosa que la consistencia.

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